Crónica de una candidatura independiente

Crónica de una candidatura independiente

Tomado (copy paste) de: Animal Político 2016/11/18 Crónica de una candidatura independiente

¿Comprenderán los zapatistas y sus simpatizantes que aunque representan la loable lucha de las comunidades indígenas contra la explotación capitalista, esto no los exime de la (auto)crítica y que los errores que han cometido también han influido en el desenlace de la historia?

Por: Hugo Garciamarín (@hugogarciamarin)

En 1984, un joven tampiqueño llegaba a algún lugar de la Selva Lacandona sólo con unos libros de Althusser, Derrida y Cervantes bajo el brazo, y las ganas de cambiar al mundo tomando el poder. Atrás quedaba Rafael Sebastián Guillén Vicente, licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México y conocido por algunos como “el Cachumbambé”, y nacía el subcomandante Marcos, un enmascarado, y no de plata, que en el futuro pondría al sistema político mexicano de cabeza y sería el vocero de los indígenas que habían sufrido 500 años de explotación.

Nueve años después, ese magnífico imitador del Che Guevara lograría dar un verdadero golpe de Estado al interior del grupo guerrillero, las Fuerzas de Liberación Nacional, y escudado con 64 mil firmas de indígenas sacadas quién sabe de dónde, anunciaba que 4500 efectivos mal entrenados y equipados con armamento viejo y limitado estaban listos para asaltar el poder. El primero de enero de 1994, mientras todos dormían, un grupo de indígenas se rebelaría contra el gobierno y le declararía la guerra al ejército mexicano. El conflicto duraría 12 días: 4500 zapatistas (des)armados con rifles de madera no podrían contra 160 mil efectivos del ejército mexicano y, contrariamente a lo que manualito marxista-leninista de Marcos decía, el pueblo no se había levantado en armas para ayudarlos. Vaya calamidad.

Aunque los cálculos originarios del “Sebas” ─pa los cuates─ no salieron tal y como esperaba, sucedió algo sin precedentes: la sociedad civil, llamada así por el Quijote de la selva lacandona, salió a manifestarse para exigir paz y justicia para los indígenas que habían sido excluidos hasta por la literatura marxista. De un momento a otro los zapatistas pasaron a ser el foco de atención de todo el mundo y el “Todos Somos Marcos” se convirtió en una especie de Trending Topic prehistórico.

Con su viraje pacífico el movimiento obtuvo, sin querer queriendo, lo que por la vía armada no había podido conseguir: apoyo nacional e internacional, posicionar la agenda indígena -siempre ausente- en el centro del debate nacional, y hasta el éxito de la negociación con el gobierno: Manuel Camacho llegó a la Selva y aceptó 34 de las peticiones zapatistas (desde revisar el Tratado de Libre Comercio hasta poner en marcha de nuevo la Reforma Agraria) ¡En 12 días de conflicto armado y 10 de diálogo los zapatistas habían alcanzado el éxito! Ni en sus mejores sueños se imaginaban tal efectividad.

Sin embargo, quizás por los rumores de que el zapatismo había sido creado por Camacho, los acuerdos fueron rechazados por referéndum tres meses después. Craso error: la negociación se estancó y las cosas empezaron a ir mal… bueno, no para todos. Mientras el país se hundía más en el neoliberalismo, se asesinaba a Colosio, el PRI volvía a ganar la presidencia, se cometían barbaridades como la de Acteal y la agenda indígena continuaba sin encontrar soluciones, Marcos estaba en el centro de los reflectores. Atrás habían quedado las añoranzas de construir el socialismo por la vía armada y ahora el Cachumbambéhablaba en entrevistas y en textos poéticos sobre construir un mundo donde cupieran muchos mundos, mandar obedeciendo, estar siempre abajo y a la izquierda sin la pretensión de tomar el poder ─porque eso es de gente mala─ y ser siempre crítico a la vía electoral: esas cosas no sirven. ¡Organización muchachitos y muchachitas!, tal y como dicta el manualito marxista-leninista, cada vez más manchado por una suerte de anarquismo posmoderno.

Miles de visitantes llegaban día con día a la Selva Lacandona, que se había convertido en la Disneylandia de los intelectuales europeos y demás figuras públicas: Alain Touraine, Oliver Stone y periodistas de todo el mundo llegaban sólo con la ilusión de ver a su ídolo, perdón, a los zapatistas. Guillén era toda una celebridad: abundaban las playeras con su rostro cubierto, las damiselas se derretían por el Robin Hood chiapaneco y hasta lo buscaban para hacer comerciales… y los indígenas, bueno, como siempre, “ahí estaban sin estar”.

El tiempo pasó y el movimiento empezó a perder fuerza mientras cambiaba su línea discursiva: las declaraciones de la Selva Lacandona cada vez hablaban menos de patria, pueblo y democracia para todos “los desposeídos”, y cada vez se centraban más en la cuestión indígena ─probablemente con justa razón. Se realizaron los acuerdos de San Andrés ─atole con el dedo considerando los acuerdos conseguidos con Camacho─ y el neoliberalismo continuó su camino mientras el despojo a los pueblos indígenas siguió encrudeciendo. Para el año 2000 Vicente Fox ganó la presidencia y el zapatismo poco a poco perdió reflectores, cuestión que sí le molestó a Rafael ─para los no que no somos sus cuates.

Rumbo al 2006, la izquierda partidista ─ ¡fuchi!─ se encontraba con opciones verdaderas de hacerse de la presidencia de la mano de un nuevo liderazgo: Andrés Manuel López Obrador (AMLO). El político tabasqueño había salido fortalecido de un intento de desafuero impulsado por Vicente Fox, y por su buena gestión como jefe de Gobierno, por lo que encabezaba las encuestas de preferencias para la presidencia.

En este contexto, y con la represión de Atenco como trágico telón de fondo, reapareció Rafael Guillén. En esta ocasión organizó “La Otra Campaña” ─porque nuestros sueños no caben en las urnas─ con la que buscaba desacreditar a todos los candidatos presidenciales. Sin embargo, quién sabe si porque le caía gordo, si porque el amarillo del PRD le recordaba al del América ─ ¿a qué equipo le irá el Sup?─, o porque habían celos de por medio, los principales ataques de “La Otra” fueron en contra del tabasqueño.

Pasada la elección, y con el fraude electoral presente en la discusión nacional, “la botarga” desempolvaría su manual de marxismo-leninismo, lleno de telarañas anarquistas, y daría una explicación digna de sus clases con Alberto Híjar en la Facultad de Filosofía y Letras, de por qué se fue contra “el mandón”[1] : López Obrador era el candidato que más posibilidades tenía de ganar, pero el  problema radicaba en que realmente no era de izquierda ─porque la verdadera izquierda soy yo, que diga, los zapatistas─ y, más bien, era un salinismo neoliberal disfrazado que empeoraría los cosas. Su victoria significaría una restauración del régimen y causaría tal decepción en la gente, que se generaría un caldo de cultivo propicio para el fascismo. En cambio, si Calderón ganaba, la sociedad civil seguiría teniendo claro que la derecha gobernaba, se acentuaría la crisis y se darían las condiciones objetivas propicias para generar un cambio más allá de la lógica electoral. No pues sí.

Han pasado diez años desde entonces, y mientras Marcos llamaba al lopezobradorismo “las modernas camisas pardas”, el neoliberalismo en México se consolidaba, la Guerra contra el Narcotráfico nacía ─me pregunto si el Cachumbambé puede decirle a las familias de 120 mil muertos de la Guerra que era mejor tener en la presidencia a Calderón que a AMLO─ y el PRI y el PAN se repartían todo el botín, incluso en Chiapas, pues si se revisan los datos del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (INFAED), el estado y los municipios donde hay más presencia zapatista, han sido gobernados desde 1994 por el PRI o el Partido Verde Ecologista de México.

Ante esto, y en medio de una nueva posibilidad de que AMLO gane la presidencia, los zapatistas y el Congreso Nacional Indígena buscan hacer visible de nueva cuenta su situación, pero con una nueva estrategia: ahora sí, los sueños caben en las urnas. Por su descontento legítimo, el abandono de la agenda indígena, territorio y mineras ─incluyendo Andrés Manuel y Morena─, y haciendo pleno uso de sus derechos, el EZLN-CNI buscará impulsar la candidatura independiente de una mujer indígena. Como era de esperar, Galeano ─ ¿no les había dicho que Guillén ya no se llama Marcos sino que ahora es Galeano?─ salió a explicar por qué la lucha testimonial también se debe dar en elecciones, sólo que ahora con menciones a Game of Thrones, a Messi y al Chicharito, porque claro, hay que hablar en el idioma de losmillennials.

El final de esta historia está lejos de saberse y más que preguntarse hacia dónde va la candidatura independiente, lo interesante es saber si hay alguna moraleja hasta el momento: ¿entenderá el Sup que se le han ido los años, y que mientras engordaba y envejecía no se ha podido transformar el régimen neoliberal contra el que se alzó en 1994? ¿Pasará por su mente que mientras escribía y escribía no han cambiado las condiciones materiales de existencia? ¿Comprenderán los zapatistas y sus simpatizantes que aunque representan la loable lucha de las comunidades indígenas contra la explotación capitalista, esto no los exime de la (auto)crítica y que los errores que han cometido también han influido en el desenlace de la historia? ¿Entenderán que aún desde su anticapitalismo no es lo mismo AMLO que “la Calderona“?

Y, por otra parte, ¿entenderá el lopezobradorismo que su proyecto de nación basado en la abolición de la corrupción ─cuestión muy importante─ no puede basarse sólo en ello? ¿Comprenderá que siguen ausentes porque hay un abandono de parte de todas las fuerzas políticas? ¿Será capaz de recuperar la agenda territorial, el tema de las mineras y los derechos indígenas en un proyecto de refundación nacional?

Aún quedan muchas páginas que escribir al respecto. 2018 será un año histórico, para bien o para mal. Yo confío en que, como dijera un hombre en algún lugar de la Selva Lacandona, “ahí está el anhelo de ser mejores y la convicción pasa por un cambio democrático, un cambio político”[2]. Me pregunto si ese hombre todavía vive y no fue devorado por el protagonismo de alguno de sus personajes. Quién sabe.

En algún lugar de Ciudad Universitaria.

* Hugo Garciamarín Hernández es profesor de la UNAM. Politólogo por la Universidad de Salamanca, España, y por la Universidad Nacional Autónoma de México.

[1] Incluso en su escrito, Marcos menciona 24 veces a López Obrador y sólo una a Calderón. Revisar: Rodríguez, Octavio. El fin del liderazgo del subcomandante Marcos. Revista Casa de Tiempo. No. 14-15. Diciembre de 2008-Enero de 2009.

[2] Citado en: De la Grange, Bertrand. Rico Maite. La genial impostura. México, Nuevo Siglo Aguilar, 1997.

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