Habitantes de Jalisco mueren por contaminación de río y la complacencia del gobierno

Habitantes de Jalisco mueren por contaminación de río y la complacencia del gobierno

Tomado de: http://www.huffingtonpost.com.mx/2016/11/23/habitantes-de-jalisco-mueren-por-contaminacion-de-rio-y-la-compl/?utm_hp_ref=mx-homepage

Un informe de Greenpeace revela que las medidas impulsadas por el gobierno para remediar el río Santiago son insuficientes para frenar la mortandad por contaminación en los municipios de El Salto y Juanacatlán. En ocho años se han contabilizado 669 muertes.

23/11/2016 5:00 AM CST | Actualizado 23/11/2016 10:18 AM CST

AFP/GETTY IMAGES
Vista del río Santiago en El Salto, Jalisco en julio de 2015.

Hubo un tiempo en que fue un río feroz, pero ahora sólo apesta a mortandad. “A Ramona le duele el río”, dice Graciela González mientras trata de consolar a su compañera con un abrazo. “Aquí es el emblema de lo que nunca debió suceder. El progreso mal entendido”, añade Chela, cuyas palabras calaron hondo entre la gente que llora a orillas del río Santiago, como si la nostalgia les saliera por los ojos. Y es que a los pobladores de El Salto, Jalisco, todavía les cuesta trabajo asimilar que el lugar donde pasaron buena parte de su infancia se convirtió de pronto en el río “más contaminado” de México.

Las aguas negras del río generan una espuma que flota y hace remolinos en el aire, como si fueran mariposas blancas o fantasmas. Después de pasar algunos minutos expuesto a la brisa tóxica que se desprende del río, uno puede sentir cómo empieza a irritarse la garganta con el nauseabundo hedor del agua contaminada. También puede sentirse un ardor frío en la piel, un ardor mentolado, esa corrosiva sensación que uno podría experimentar al untarse enjuague bucal por todo el cuerpo. Una sensación que puede llegar a sentirse por las noches, a casi un kilómetro de distancia, cuando el fétido olor impregna todo el pueblo.

Todo ocurre de manera sigilosa, mientras la corriente arrastra la podredumbre del progreso en su camino hacia el mar. No se necesita ser un renombrado científico para darse cuenta de la magnitud de la catástrofe provocada por grandes cantidades de desechos industriales arrojados sobre el río. Y sin embargo, el gobierno lleva años aplicando remedios paliativos mientras una epidemia de cáncer y enfermedades renales se ha convertido en una matanza silenciosa para los habitantes de El Salto y Juanacatlán.

GREENPEACE MéXICO
GREENPEACE MéXCO
Un grupo de habitantes de los municipios de El Salto y Juanacatlán, Jalisco, se reunieron para protestar junto con Greenpeace por la contaminación del río Santiago el pasado 20 de noviembre de 2016.

“Eso es lo más triste. Estamos llenos de enfermedades pero la gente no lo relaciona con el agua contaminada”, cuenta Marisa Yáñez, cuya hija murió prematuramente a la edad de 30 años por un cáncer terminal.

Los pobladores de El Salto cuentan que en tan sólo una semana murieron 14 personas por enfermedades vinculadas a los altos índices de contaminación, aún cuando las estadísticas oficiales suelen matizar la tragedia debido a que la mortandad por contaminación no suele figurar en los registros médicos. Esto, aún cuando diversos estudios han documentado los daños a la salud provocados por la exposición al río tóxico.

De acuerdo con el Comité Ciudadano en Defensa Ambiental de El Salto, cuyo presidente es Raúl Muñoz Delgadillo, en los últimos ocho años se han contabilizado 669 muertes, además de 682 casos con insuficiencia renal, 238 con cáncer y mil 997 con enfermedades de la piel, en las vías respiratorias y en los ojos.

Un estudio realizado por epidemiólogos y expertos en toxicología de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, encontró que entre 2007 y 2010 los habitantes de la zona presentaron “una mayor tasa de mortalidad” debido a diarreas y gastroenteritis de presunto origen infeccioso, enfermedad renal hipertensiva, estado asmático e insuficiencia renal no especificada en el municipio de Juanacatlán, mientras que en el municipio de El Salto se encontró un incremento en las tasas de mortalidad a causa de enfermedad renal hipertensiva, insuficiencia renal crónica e insuficiencia renal no especificada.

Pero además de los padecimientos renales, otros estudios han documentado afectaciones a la salud por envenenamiento con arsénico en El Salto y Juanacatlán, cuyos habitantes viven a menos de cinco kilómetros del río Santiago.

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“En 2010 hicimos una investigación en 24 mujeres gestantes que seguimos durante varios meses. Checamos a las mujeres durante su embarazo y qué tan cercana estaba su vivienda al río y encontramos que en efecto había arsénico en su cabello, lo cual quiere decir que han tenido una exposición crónica”, señala Laura Miyuki Takahashi, especialista en ciencias médicas y salud ambiental por la Universidad de Guadalajara, quien lleva siete años investigando la zona casos de envenenamiento por arsénico en la zona.

“El arsénico es un metal pesado, la sustancia más tóxica que existe y el cancerígeno número uno. Lo peligroso del arsénico, además de su toxicidad es que no lo puedes detectar, es difícil saber si lo estás respirando o te lo estás comiendo. Los asentamientos humanos están cerca de los cuerpos de agua, y si estos están contaminados implican un riesgo muy grave a la salud, porque en el caso del río Santiago, el más contaminado de México, trae desde descargas municipales, industriales y escurrimientos de campos agrícolas, así que imagínate el coctel de químicos que hay aquí“, agrega la experta en entrevista con el Huffington Post.

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“A nosotros se nos ha impuesto la muerte”, dice la activista Graciela González, fundadora de la organización Un Salto de Vida, quien junto con su familia lleva años luchando para tratar de remediar toda la miseria que ha traído consigo la contaminación del río. Es consciente de que sus ojos no volverán a ver un río limpio y sano, un río en cuyas orillas había gallaretas y garzas, un río donde brotaban los ahuehuetes y los sauces y los mangos y las guayabas. Pero eso no la detiene. “Esta lucha la vamos a ver en los ojos de nuestros nietos, porque nosotros no vamos a ver”, dice con resignación.

A nosotros se nos ha impuesto la muerte”.Graciela González

Su esposo, Enrique Enciso, otro entusiasta activista, cuenta que las protestas por la contaminación del río tomaron fuerza en 2008, a raíz de la muerte del niño Miguel Ángel López Rocha, quien estuvo en coma 19 días para fallecer envenenado por arsénico tras caer al río. Desde entonces, las protestas no ha parado, aún cuando los intereses de ciertos grupos provocaron que en 2011, Chela y Enrique tuvieran que abandonar el pueblo junto con su hija Sofi, para ponerse a salvo ante el hostigamiento y los intentos de intimidación que sufrieron por denunciar las omisiones de los distintos niveles de gobierno a la hora de sancionar a las empresas que siguen vertiendo sus desechos en el río de manera impune.

“Es la vida que estamos peleando y queremos recuperar”, añade Chela, cuyo entusiasmo contrasta con el insoportable hedor a muerte que se respira en el pueblo.

CONTAMINACIÓN IMPUNE

Tras años de denuncias y una pila de recomendaciones emitidas por organismos nacionales e internacionales de derechos humanos como la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el Tribunal Latinoamericano del Agua, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDHJ), el gobierno mexicano sigue aplicando remedios paliativos como medida para tratar de contrarrestar la catástrofe.

Como respuesta a las denuncias sobre la contaminación del agua, en 2012 fue inaugurada la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales El Ahogado. Un proyecto impulsado por los gobiernos panistas del presidente Felipe Calderón y el entonces gobernador Emilio González, con un costo de más de 858 millones de pesos que de nada ha servido para remediar el problema, toda vez que dicha planta fue diseñada para tratar desechos domésticos pero no industriales. Dinero tirado a la basura mientras la gente sigue padeciendo los estragos de la contaminación.

En 2016, un informe de Greenpeace México al cual tuvo acceso el Huffington Post, encontró “una amplia gama de sustancias químicas orgánicas y metales pesados, lo cual exhibe los pobres resultados que ofrecen soluciones paliativas como las plantas de tratamiento en lugar de atacar el problema de fondo: la descarga de sustancias tóxicas en el agua”.

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El análisis de las aguas residuales en el río Santiago arrojó una alta concentración de ésteres de ftalato, compuestos químicos con numerosos usos industriales que son tóxicos para la reproducción en animales y seres humanos, razón por la cual, dentro de la Unión Europea han sido catalogados como “sustancias extremadamente preocupantes” según el Reglamento REACH.

Otro compuesto encontrado es el fosfato de triarilo, utilizado en la fabricación de aparatos electrónicos. Dentro de estos compuestos, se incluye el fosfato de trifenilo (TPP), considerado “el más tóxico para la vida acuática”, según el Programa Internacional de Seguridad Química de Naciones Unidas.

También se hallaron altas concentraciones de compuestos cancerígenos como cloroformo y diclorobenceno.

Todos estos, desechos industriales provenientes de más de 400 fábricas que diariamiente arrojan sus residuos al río Santiago, el cual forma parte de la cuenca Lerma-Chapala, que conecta corrientes fluviales que se originan en el Estado de México y desembocan cerca del muelle de San Blas, en Nayarit.

Uno de los principales hallazgos que encontramos es que las plantas de tratamiento no funcionan, son un paliativo para una problemática que es mucho más grande que limpiar una pequeña porción del agua”.Miguel Soto, responsable de la campaña de Tóxicos de Greenpeace.

“Lo que hicimos fue demostrar con datos duros que las plantas de tratamiento no son ninguna solución para el problema de los ríos en el país”, añade Soto, quien considera que “algo están haciendo muy mal tanto el Estado mexicano como las empresas”.

El experto señala que las sustancias encontradas en el río no cuentan con ningún tipo de regulación dentro de las normas mexicanas, lo cual facilita que las autoridades estatales y federales se hagan de la vista gorda a la hora de sancionar a las empresas contaminantes.

Una situación grave, considerando que según datos de la Comisión Nacional del Agua, cerca del 90% de los ríos en México están contaminados, de acuerdo con el informe de Greenpeace.

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EL GOBIERNO AUSENTE

Mientras la catástrofe continúa, el gobierno de Jalisco encabezado por Aristóteles Sandoval ha arrojado nulos resultados para cumplir con su compromiso de campaña de remediar la situación del río Santiago a pesar de los más de 60 millones de pesos invertidos para este propósito.

De acuerdo con datos del Tercer Informe de Gobierno de Aristóteles Sandoval, en 2015 se destinaron 3 millones 700 mil pesos para la elaboración de un Programa para el Manejo Integral de Cuenca, el cual contempla el territorio de los 35 municipios que forman parte de la cuenca Guadalajara–río Santiago, así como otros 56 millones 431 mil pesos para labores de saneamiento mediante la ampliación de la capacidad de la planta de tratamiento de aguas residuales de Ocotlán.

Asimismo, la Asociación de Industriales de El Salto y el Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco responsabilizaron a los estados de Guanajuato, Michoacán y Estado de México por la contaminación del río Santiago, a pesar de que sólo 40 de las 200 empresas que operan en la zona industrial de El Salto cuentan con plantas tratadoras de agua.

Medidas que, según la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) resultan “insuficientes” para revertir el problema, debido en buena medida, a la falta de coordinación y las omisiones del gobierno federal a través de instituciones como la Comisión Nacional del Agua y la Procuraduria Federal de Proteccion al Ambiente, que poco o nada han hecho para solucionar el caso.

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Una evaluación que coincide con los resultados del más reciente informe del grupo de trabajo Empresas y Derechos Humanos de Naciones Unidas, en el cual se documentan las omisiones de los tres niveles de gobierno para resolver el problema, lo cual incluye al gobierno federal del presidente Enrique Peña Nieto.

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Representantes de Naciones Unidas viajaron al río Santiago para constatar las demandas de la comunidad ante los casos de enfermedades y mortandad provocadas por la descarga de desechos industriales en el río.

Ante la inacción del Estado, las comunidades en el Río Santiago establecieron mesas de “diálogo” para encontrar soluciones con los gobiernos federal y estatal. Con respecto a las demandas de las comunidades, las autoridades llevaron a cabo únicamente acciones correctivas que no solucionaron los problemas de salud pública y contaminación industrial”.Naciones Unidas

“Las autoridades estatales eran muy conscientes del problema, pero subrayaron que se trataba de una cuestión federal y que se llevaron a cabo repetidos esfuerzos para establecer un grupo de trabajo con las autoridades federales que permitiera discutir un plan para la rehabilitación del río Santiago. También subrayaron que es competencia de las autoridades federales y municipales supervisar el cumplimiento de las normas ambientales”, añade el documento fechado en septiembre de 2016.

Y mientras las recomendaciones se acumulan en alguna oficina gubernamental, más de 300 industrias en el corredor industrial Ocotlán-El Salto seguirán arrojando un total de 1090 sustancias tóxicas, productos químicos y metales en el río, mientras los 300 mil habitantes de El Salto y Juanacatlán son condenados a morir prematuramente por los efectos de la contaminación ambiental ante la complacencia de los tres niveles del gobierno mexicano.

Tomado de: http://www.huffingtonpost.com.mx/2016/11/23/habitantes-de-jalisco-mueren-por-contaminacion-de-rio-y-la-compl/?utm_hp_ref=mx-homepage

 

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