LA FALACIA DE LA COMPETITIVIDAD Y LA EXELENCIA

Este texto me parece muy interesante, pues es la visión de quienes al sentirse superiores a los “ignorantes” perdedores latinoamericanos, creen que solo siguiendo su propuesta de “salvación” en base a la competitividad para ser “ganadores y excelentes seres humanos”, como el autor, es como podemos dejar de ser los explotados, conquistados e ignorantes de nuestra realidad política, cultural y social. Y advierte que de no ser así, (o sea, acatando sus enseñanzas) entonces somos el problema y despreciamos la salvación que nos ofrece, y que es la única posible, porque el autor sabe bien lo que necesitamos y conoce lo negativistas desafiantes que somos en particular los mexicanos. Y no soy quien para pretender que está equivocado y lo puedo corregir, eso sería una imbecilidad de mi parte, pues jamás podría yo estar a la altura intelectual y académica del autor, pero por lo menos alcanzo a notar cuáles son los puntos en los que no estoy de acuerdo con su propuesta, y lo he anotado como comentarios entre los párrafos del texto marcados entre asteriscos (*). Y lo he hecho, no por desafiar al autor, ni por ser negativo, sino para exponer mi punto de vista y esperar una respuesta que me haga entender mejor la infalibilidad que asegura tener su propuesta de salvar a latinoamérica de la opresión de sus conquistadores.
¿ustedes cómo la ven a la propuesta de Shodai?

PREFACIO A CRÓNICAS DE UNA TORMENTA PERFECTA – Por Shodai Sennin J.A. Overton-Guerra
1 de octubre de 2014 a la(s) 23:42

PREFACIO a “CRÓNICAS DE UNA TORMENTA PERFECTA: La Crisis Internacional del Mundo Hispano – Vol. 1: Desde el Ojo del Huracán”
Por Shodai Sennin J. A. Overton-Guerra

A casi nadie le gusta que le digan sus verdades. Digo “casi” porque sí existen aquellos individuos – son pocos, pero sí existen – lo suficientemente maduros e ilustrados en el camino de la excelencia que buscan, de hecho activamente, a quienes tengan el conocimiento, el ojo clínico, la paciencia, y el afecto y la afición (porque hace falta mucho amor y dedicación para conocer a alguien lo suficientemente a fondo como para diagnosticar sus debilidades) para darle una crítica sincera, detallada, amplia y a la vez profunda. Esos individuos saben apreciar que el único camino a la mejoría es a través de la crítica, del análisis. Lo que todo competidor a nivel internacional sabe es que es tan bueno como sus debilidades más destacadas, es decir, la cadena es tan fuerte como su eslabón más débil. En inglés se dice: “offence gets the glory, but defence wins championships” – “la ofensiva se lleva la gloria pero la defensa gana campeonatos”. Tanto en el combate mano a mano como en la guerra si tu oponente no te puede llegar con sus ataques, no te puede herir, y si no te puede herir no te puede vencer. Así que el primer paso hacia ser invencible es reconocer tus debilidades y fortalecer tus defensas. En las artes marciales, bien enseñadas claro, primero se aprende a evitar los ataques ajenos, luego a efectuar los propios. De ahí que de las dos obras complementarias – “Crónicas de una Tormenta Perfecta: La Crisis Internacional del Mundo Hispano” y “América Culpable: Todos Deberían Saber la Verdad” – he optado por terminar la primera a pesar de todo lo que había avanzado en la segunda.

Me explicaré. Cuando se es director técnico o entrenador no basta conocer las técnicas, tácticas y estrategias que precisa tu competidor para vencer. Eso es solamente el principio; eso lo puede aprender cualquiera. Todo entrenador digno de ese nombre sabe que lo técnico y lo físico es solamente una parte pequeña de lo que se precisa para dar el máximo rendimiento posible de acuerdo a esa preparación. De ahí que lo que distingue a los entrenadores mediocres de aquellos cuyos competidores ganan títulos internacionales no es tanto la instrucción técnica ni el acondicionamiento físico, sino la preparación psicológica – y esa preparación comienza con el conocimiento de tu competidor. Para ser un gran entrenador que forma grandes competidores hace falta conocer al competidor mismo, a sus patrones de pensamientos, emocionales, conductuales; hace falta conocer sus creencias, sus temores, y sus aspiraciones; hace falta conocer sus fortalezas y sobre todo sus debilidades. Tienes que conocer a tu competidor a tal grado y hasta tal punto que le puedes mirar a la cara y sentir como siente y pensar lo que está pensando y saber si está preparado mentalmente para el encuentro o si va a una masacre: está “tigre” o está “cordero”, está listo para “cumplir o morir, cumplir hasta morir” o por lo contrario va a avergonzarte a ti, a sí mismo, y a millones a los que representa con un “¡No más!”. Así conozco al hispano – obviamente no conozco a todos los centenares de millones de hispanos, pero sí a la mentalidad del hispano en general – y lo conozco por dentro y por fuera. Dejaré para un capítulo final de este volumen titulado “¿Quién soy yo?”, a modo de apéndice para el lector interesado el cómo he llegado al conocimiento que tengo y en qué consiste. No se precisa aquí que yo presuma de mi conocimiento sino compartir ese conocimiento especialmente con el hispano mismo – o sea, que lo lleve a que se conozca, o reconozca, a sí mismo.

Todo combatiente aprende su oficio o profesión bajo expertos denominados “maestros” o “entrenadores” y en una escuela, en un “dojo”, o en un gimnasio. Ahí aprenden un “estilo” de combate – una predilección por ciertas técnicas, tácticas, y estrategias sobre otras. Lo absolutamente y verdaderamente cierto es que a la hora de competir no todos los estilos son iguales; algunos son patéticos y siempre pierden; otros son magistrales y casi siempre ganan. Lo que uno observa es que, si la competencia es internacional, como por ejemplo en las olimpiadas o en los campeonatos mundiales, ciertos países regularmente dominan la modalidad y se reparten las medallas entre sí, mientras que los demás simplemente hacen bulto y regresan a sus países de origen con las manos vacías –salvo por algún suvenir que implícitamente diga: “Gracias por su participación” o “Sin su participación este torneo no sería posible”. O sea, su presencia es el pretexto para que los países superiores demuestren su superioridad. Sonará quizás algo cínico, pero es la realidad. Nadie se dedica cuerpo, mente y espíritu hora tras hora, cinco o seis días a la semana y durante años para luego satisfacerse con “lo importante es participar”. A nivel internacional lo importante no es participar, lo importante es ganar. Punto final. Si no les gustan los deportes de combate piensen en la Copa del Mundo de Futbol – ningún aficionado se consuela o conforma con que su equipo haya llegado por milésima vez a los octavos de final, o que ganaran la copa el Mundial pasado. ¡Quieren victoria y la quieren ahora!

***rogelio carranza dueñas
14:11 Ayer
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esta es la parte en que no estoy de acuerdo, pues creo que sin demeritar a los líderes, ni engeandecer a los inferiores, existe la alternativa de que los “expertos”, “maestros” y “ganadores”, se responsabilicen por el progreso de los inferiores y perdedores, y no solo los “usen” para demostrar su superioridad. ¿que honor hay en ser superior a un ignorante? y ¿que honor hay en hacer ganador al antes inferior? El paradigma de ser ganador, implica competir, y competir implica adversarios que pueden llegar a ser enemigos, y alli esta un problema. ¿Hasta dónde llegará la necesidad del ganador, por un perdedor? Hasta allí llegará su exelencia, porque mantener al perdedor siendo perdedor, para seguir siendo ganador, no es muy exelente que digamos, ¿o sí?***
Bien. Si pueden comprender el concepto de competitividad internacional en deportes combativos (boxeo, judo, taekwondo, lucha olímpica, etc.) – o futbol – entonces podrán entender que hoy en día una cultura es como un boxeador, un judoka (practicante de judo), un taekwondoka (practicante de taekwondo), un luchador olímpico, etc. El torneo mundial o la “Gran Liga” internacional son los mercados económicos globales, o la Ecología Socioeconómica Global, e igual que en el caso de las olimpiadas y los deportes de combate, hay países que rutinariamente pierden – pero cuya presencia es indispensable para que la “Gran Liga” exista – y otros que casi siempre ganan: hablo del Tercer Mundo y del Primer Mundo.

Los países del Tercer Mundo (o el eufemismo políticamente correcto correspondiente, “en vías de desarrollo”) pierden habitualmente, rutinariamente, y lo han hecho en muchos casos desde siglos. La mayoría de sus países comenzaron sus historias como colonias de otros países de Primer Mundo (o de “países desarrollados”). Pierden por muchas razones, y dependiendo del analista unas razones son enfatizadas por encima de otras. Según ellos pierden por sus políticos corruptos, conspirando con las clases adineradas y las potencias extranjeras que se apropian de los recursos originalmente destinados para el entrenamiento del equipo; o pierden porque los países desarrollados hacen trampas y no los dejan ganar. Lo que he observado en las competiciones es que los perdedores siempre encuentran excusas que los libren de tomar responsabilidad por su propia falta de rendimiento, mientras que los ganadores enfocan en cómo pueden ganar a pesar de las adversidades – justas o injustas. Los perdedores encuentran excusas en vez de buscar sus defectos, los ganadores buscan sus defectos y encuentran formas para solventarlos. El perdedor sigue compitiendo bajo el mismo estilo, año tras año porque está apegado a sus “tradiciones”, mientras que el ganador busca el estilo que le lleve a ganar, porque busca medallas.

En términos de competiciones cuando un país se va de un torneo con las manos vacías egos duelen. En el mundo económico cuando un país se va con las manos vacías barrigas duelen del hambre. Hay desempleo, hay violencia, hay pobreza, hay inseguridad física y mental, hay miseria. Y tradicionalmente, históricamente, para compensar todo el impacto negativo de perder por tradición lo que hay es religiosidad puesto que la misma falta de preparación competitiva que lleva al tercermundista a perder y perder, generación tras generación, siglo tras siglo, le ha privado – obviado más bien – de la capacidad analítica, critica, para diagnosticar sus defectos y emprender un plan de tratamiento, y le ha privado de la voluntad al poder que se precisa para ser competitivo. En el mundo internacional competitivo ser competitivo y ser religioso es como estar seco y estar mojado – son incompatibles, y en esta serie de volúmenes dejaré bien claro el por qué.

La realidad es que los países del Tercer Mundo fueron cultivados para siempre perder. Enfocando en lo que más nos interesa, el Mundo Hispano, podemos observar en buena manera el grado de esa pérdida revisando estadísticas nacionales e internacionales. Vemos que desde España, la “madre patria”, desde los Pirineos hasta Gibraltar (perdida a los británicos, por cierto), y desde el Río Grande y Tijuana hasta Tierra del Fuego, el marcador indica “perdedores”. Y para aquellos que siempre buscan culpar a sus políticos la realidad es que el estatus de perdedor del hispano no se limita a su propio país, sino que lo lleva, como demostraré más adelante, a donde va. En los EUA, por ejemplo, el país extranjero con mayor población hispana, los hispanos se destacan por su bajo rendimiento académico, por su bajo estatus socioeconómico, y por su altísimo índice de criminalidad. Los estudiantes latinos son estadísticamente los peores – disputándose el último puesto con los afroamericanos; las familias latinas de nuevo se disputan el lugar con las de los negros por ser los más pobres, siendo el índice de pobreza entre los hispanos en el año 2011 un 28.2% comparado con la media nacional americana de 16.0%[1] . También en el 2011 más del 45% del crimen organizado era de origen hispano[2], a pesar de ser tan solo un 17% de la población[3] y en las prisiones federales los hispanos en los últimos años se han convertido en mayoría[4]. En el Canadá en año 2000, en el último censo donde se llegaron a tabular tales estadísticas, el 28% de los hispanos presentes vivían bajo condiciones de pobreza cuando la media nacional era de un 16%[5] – prácticamente las mismas estadísticas que en los EUA once años más tarde. En el año presente, 2014, las adolescentes latinas en los EUA tienen el índice de embarazos más altos de todas las etnicidades o razas, un 25.5% por cada 1000 entre las edades de 15 y 17 años, comparadas con la media nacional de 14.5%[6] – de nuevo la religiosidad que instruye contra el uso de anticonceptivos. ¿Seguir culpando a los políticos por nuestros fracasos sociales y económicos o tomar responsabilidad nosotros mismos y reconocer que los políticos – corruptos e ineptos que son – no son sino manifestaciones, extensiones de la cultura misma?

En las sociedades religiosas – como las católicas o las cristianas ortodoxas – los hombres adoran, de rodillas ante un altar, a una mítica figura femenina. La medida moral de un hombre es su “humildad”, y su “fortaleza” que se entiende en términos de su capacidad para postrarse arrodillado en reconocimiento de su propia debilidad. Sociedades de ese tipo jamás van a poder competir con aquellas seculares donde los hombres admiran en pensamiento e imitan en acción a las grandes hazañas y las penetrantes ideologías de hombres distinguidos reales e históricos; donde la medida de un hombre está en su capacidad para la superación insólita, el heroísmo – intelectual o físico – y el paternalismo. El concepto de hombría en estas sociedades seculares, como por ejemplo en las anglosajonas o en la japonesa, se opone directamente al concepto resultante de la perversa combinación del marianismo, del machismo y del matriarcado prevalente en la cultura hispana.

La pasividad masculina, la falta de interés en sobresalir, en desatacar, en dominar, la ausencia de la voluntad al poder que ha ocasionado la religiosidad católica en el hispano se ha manifestado históricamente en un desinterés en muchos de los aspectos claves de para el desarrollo de capital cultural competitivo: el descubrimiento científico, la innovación tecnológica, el pensamiento filosófico, la heroicidad y entrega efectiva – ideológicamente guiada no impulsivamente brotada – de la acción política y social. La religiosidad hispana ha engendrado una cultura donde no se valora ni el tiempo ni el emprendimiento, sino el conformismo y la adaptación a la mediocridad. El resultado ha sido una creciente inseguridad y un aumento de la inestabilidad política, de la criminalidad, de la desesperación y de la violencia. La religiosidad hispana es responsable por la actitud cultural – consciente o inconsciente y de acuerdo a una cosmovisión medieval – que el propósito final de la vida, lo que la da significado, es ganarse la “Gracia Divina” y un lugar en el Paraíso Extraterrenal. No es de sorprender, por lo tanto, que las aportaciones verdaderamente significativas de la cultura hispana a la humanidad hayan sido muy escasas en comparación con las tremendas aportaciones de los ingleses, de los americanos, de los alemanes, de los franceses, de los judíos, etc. Solamente los países musulmanes han aportado menos.

Si no eres objetivo a la hora de entender de qué forma contribuyes a tu propio fracaso nunca vas a comenzar a ganar – y ningún pueblo del planeta es más reacio a reconocer sus propios errores y defectos que el hispano. Pueblos ganadores, como el japonés o el judío, se reconocen históricamente por ser autocríticos, por adaptarse en base tanto a la evaluación de sus defectos como a las exigencias de ambiente, de las reglas del juego. Ambos son pueblos que se reconocen por su dedicación a la excelencia, al estudio, a la disciplina, a la superación y por consiguiente sobresalen y prevalecen. Son culturas ricas en lo que se conoce como “capital cultural competitivo” – y por eso son ganadoras. La cultura hispana es cultura pobre en capital cultural competitivo. Los fundamentos de su cultura les llevan a creer que “los últimos serán los primeros”, que la calidad moral de un hombre se mide por su “humildad” en vez de por su heroicidad. De hecho culturalmente el latino detesta la competitividad diciendo que lleva al “egoísmo”, a la “soberbia”, a creerse superior a los demás. Por consiguiente es una cultura perdedora – y es más, es una cultura que no ha comprendido – o que no ha querido aceptar – que la competición no es opcional. En el mundo actual se compite y se gana o se pierde por defecto, y los valores competitivos – o incompetentes – de un país se transmiten en la cuna, se fomentan en la familia, y se perfeccionan en el colegio y en el trabajo.

***rogelio carranza dueñas
14:11 Ayer
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No es que se defienda el conformismo, derrotismo ni el determinismo como destino de latinoamerica, o de Mexico en particular, pero también es verdad, es un hecho, los abusos y desprecio de los ganadores por los perdedores, que se materializan en el sistema de administración de la ignorancia y de la pobreza, apoyados en religiones, medios informativos, y la fuerza de su poder económico y militar. ¿dónde está el honor de la exelencia que presume el primer mundo? Las culturas precolombinas de América, eran primordialmente guerreras, que avanzaban en lo científico a pesar de su religiosidad homicida y totémica, con la que se gobernaban, haciendo de sus teocracias, los motivos de sus guerras. Y asi, se hacía intrínseca la mentalidad de “ser mejores” para ganar, en sus culturas, en su formación, se obligaban a prepararse para la máxima competencia: la de sobrevivir al enemigo. Y los Mayas y Aztecas, son un muy buen ejemplo de esto.***
El lector implícito de esta obra es el hispano mismo – por eso escribo en castellano en vez de en el lenguaje más comercial que es el inglés. Lo escribo para el hispano sabiendo de antemano y perfectamente su reacción, el desdén con el cual responde cuando se le critica, la necedad con la cual recibe la dirección. Lo que voy a decir a continuación va a afrentar a algunas personas, sorprender a otras, e indignar a quizás la mayoría – y sin embargo mayor ofensa a la “dignidad de la verdad” sería callarme, por eso de que “el que calla otorga”. Si es de esas personas que rezan de rodillas a la Virgen, o a Dios, o la Santa Virgen, o que creen en ángeles y temen a los demonios y no se ha dado cuenta de que los pueblos más miserables del planeta son los más religiosos – los más arrodillados – entonces deje de leer ahora mismo. Esta obra no es para Usted puesto que Usted es de esas personas que no quiere oír sus verdades sino quiere vivir de fantasías; no quiere soluciones solamente quiere seguir con sus incesantes quejas; no quiere mejorar simplemente quiere insistir en su “derecho” de ser como es; no quiere reconocer que en la vida hay que competir – y ganar – o hay que aceptar las consecuencias de perder.

***rogelio carranza dueñas
14:11 Ayer
Resolver
“Las consecuencias de perder”. ¿Dónde está esa ley que dicta el sometimiento, vejación y tortura del perdedor? ¿Por qué los superiores maestros, no escogen el competir entre ellos, entre ganadores y maestros expertos, haciendo de sus derrotados, unos adversarios a su altura?***

Si es Usted una de esas personas de las que en el mundo hispano lamentablemente constituye la inmensa mayoría, entonces deje de leer porque las verdades que le voy a compartir le va a ofender – y mucho. Esta obra no es para perdedores que quieren seguir viviendo de excusas y fantasías sino de ganadores dispuestos a tomar control de sus existencias y futuros.

Sin embargo, si Usted es de esas personas que se dan cuenta de que “los últimos no serán los primeros” sino que simplemente seguirán siendo los últimos entonces “Crónicas de una Tormenta Perfecta: La Crisis Internacional del Mundo Hispano” es para Usted.

Si es Usted de esas personas que se da cuenta de que “si no eres parte de la solución eres el problema” entonces “Crónicas de una Tormenta Perfecta: La Crisis Internacional del Mundo Hispano” es para Usted.

Si es Usted de esas personas que están hartas de que “latino” o “hispano” sea internacionalmente sinónimo con “oficial corrupto”, o “pandillero”, o “narcotraficante”, o “inmigrante ilegal”, o “de bajo estatus socioeconómico” – y quiere hacer algo al respecto – entonces “Crónicas de una Tormenta Perfecta: La Crisis Internacional del Mundo Hispano” es la obra que siempre ha esperado pero que nunca había antes existido.

No entreno perdedores, formo campeones – y como hispano yo sí estoy harto de perder. Ya es hora de empezar a ganar.

***rogelio carranza dueñas
14:11 Ayer
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¿ganar qué? Estoy de acuerdo en progresar, evolucionar, ser crítico aceptando la crítica, ¡COMO PODRÍAMOS ESTAR EN CONTRA DE ESO! Lo que no acepto, son las consecuencias de perder, inventadas y sostenidas por soberbios y egolatras superiores, que pretextan la exelencia, para justificar sus abusos. ¿o es que no hay nada que corregir en la mentalidad ganadora?***

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