CRÓNICAS DE UNA TORMENTA PERFECTA: La Crisis – Documentos de Google

via CRÓNICAS DE UNA TORMENTA PERFECTA: La Crisis – Documentos de Google.

 

A casi nadie le gusta que le digan sus verdades. Digo “casi” porque sí existen aquellos individuos – son pocos, pero sí existen – lo suficientemente maduros e ilustrados en el camino de la excelencia que

, de hecho activamente, a quienes tengan el conocimiento, el ojo clínico, la paciencia, y el afecto y la afición (porque hace falta mucho amor y dedicación para conocer a alguien lo suficientemente a fondo como para diagnosticar sus debilidades) para darle una crítica sincera, detallada, amplia y a la vez profunda. Esos individuos saben apreciar que el único camino a la mejoría es a través de la crítica, del análisis. Lo que todo competidor a nivel internacional sabe es que es tan bueno como sus debilidades más destacadas, es decir, la cadena es tan fuerte como su eslabón más débil. En inglés se dice: “offence gets the glory, but defence wins championships” – “

”. Tanto en el combate mano a mano como en la guerra si tu oponente no te puede llegar con sus ataques, no te puede herir, y si no te puede herir no te puede vencer. Así que el primer paso hacia ser invencible es reconocer tus debilidades y fortalecer tus defensas. En las artes marciales, bien enseñadas claro, primero se aprende a evitar los ataques ajenos, luego a efectuar los propios. De ahí que de las dos obras complementarias – “

” y “

” – he optado por terminar la primera a pesar de todo lo que había avanzado en la segunda.

 

Me explicaré. Cuando se es director técnico o entrenador no basta conocer las técnicas, tácticas y estrategias que precisa tu competidor para vencer. Eso es solamente el principio; eso lo puede aprender cualquiera. Todo entrenador digno de ese nombre sabe que lo técnico y lo físico es solamente una parte pequeña de lo que se precisa para dar el máximo rendimiento posible de acuerdo a esa preparación. De ahí que lo que distingue a los entrenadores mediocres de aquellos cuyos competidores ganan títulos internacionales no es tanto la instrucción técnica ni el acondicionamiento físico, sino la preparación psicológica – y esa preparación

con el conocimiento de tu competidor. Para ser un

entrenador que forma

competidores hace falta conocer al competidor

, a sus patrones de pensamientos, emocionales, conductuales; hace falta conocer sus creencias, sus temores, y sus aspiraciones; hace falta conocer sus fortalezas y sobre todo sus debilidades. Tienes que conocer a tu competidor a tal grado y hasta tal punto que le puedes mirar a la cara y

como siente y

lo que está

y

si está preparado mentalmente para el encuentro o si va a una masacre: está “tigre” o está “cordero”, está listo para “

” o por lo contrario va a avergonzarte a ti, a sí mismo, y a millones a los que representa con un “

”. Así conozco al hispano – obviamente no conozco a

los centenares de millones de hispanos, pero sí a la mentalidad del hispano

– y lo conozco por dentro y por fuera. Dejaré para un capítulo final de este volumen titulado “

”, a modo de apéndice para el lector interesado el cómo he llegado al conocimiento que tengo y en qué consiste. No se precisa aquí que yo presuma de mi conocimiento sino compartir ese conocimiento especialmente con el hispano mismo – o sea, que lo lleve a que se conozca, o reconozca, a sí mismo.

 

Todo combatiente aprende su oficio o profesión bajo expertos denominados “maestros” o “entrenadores” y en una escuela, en un “

”, o en un gimnasio. Ahí aprenden un “estilo” de combate – una predilección por ciertas técnicas, tácticas, y estrategias sobre otras. Lo absolutamente y verdaderamente cierto es que a la hora de competir no todos los estilos son iguales; algunos son patéticos y siempre pierden; otros son magistrales y casi siempre ganan. Lo que uno observa es que, si la competencia es internacional, como por ejemplo en las olimpiadas o en los campeonatos mundiales, ciertos países regularmente dominan la modalidad y se reparten las medallas entre sí, mientras que los demás simplemente hacen bulto y regresan a sus países de origen con las manos vacías –salvo por algún suvenir que implícitamente diga: “

” o “

”. O sea, su presencia es el pretexto para que los países superiores demuestren su superioridad. Sonará quizás algo cínico, pero es la realidad. Nadie se dedica cuerpo, mente y espíritu hora tras hora, cinco o seis días a la semana y durante años para luego satisfacerse con “

”. A nivel internacional lo importante no es participar, lo importante es ganar. Punto final. Si no les gustan los deportes de combate piensen en la Copa del Mundo de Futbol – ningún aficionado se consuela o conforma con que su equipo haya llegado por milésima vez a los octavos de final, o que ganaran la copa el Mundial pasado. ¡Quieren victoria y la quieren ahora!

 

Bien. Si pueden comprender el concepto de competitividad internacional en deportes combativos (boxeo, judo, taekwondo, lucha olímpica, etc.) – o futbol – entonces podrán entender que hoy en día una

es como un boxeador, un

(practicante de judo), un

(practicante de taekwondo), un luchador olímpico, etc. El torneo mundial o la “Gran Liga” internacional son los mercados económicos globales, o la

, e igual que en el caso de las olimpiadas y los deportes de combate, hay países que rutinariamente pierden – pero cuya presencia es indispensable para que la “Gran Liga” exista – y otros que casi siempre ganan: hablo del

y del

.

 

Los países del Tercer Mundo (o el eufemismo políticamente correcto correspondiente, “

”) pierden habitualmente, rutinariamente, y lo han hecho en muchos casos desde siglos. La mayoría de sus países comenzaron sus historias como colonias de otros países de Primer Mundo (o de “

”). Pierden por muchas razones, y dependiendo del analista unas razones son enfatizadas por encima de otras. Según ellos pierden por sus políticos corruptos, conspirando con las clases adineradas y las potencias extranjeras que se apropian de los recursos originalmente destinados para el entrenamiento del equipo; o pierden porque los países desarrollados hacen trampas y no los dejan ganar. Lo que he observado en las competiciones es que los perdedores siempre encuentran excusas que los libren de tomar responsabilidad por su propia falta de rendimiento, mientras que los ganadores enfocan en cómo pueden ganar a pesar de las adversidades – justas o injustas. Los perdedores encuentran excusas en vez de buscar sus defectos, los ganadores buscan sus defectos y encuentran formas para solventarlos. El perdedor sigue compitiendo bajo el mismo estilo, año tras año porque está apegado a sus “tradiciones”, mientras que el ganador busca el estilo que le lleve a ganar, porque busca medallas.

 

En términos de competiciones cuando un país se va de un torneo con las manos vacías egos duelen. En el mundo económico cuando un país se va con las manos vacías barrigas duelen del hambre. Hay desempleo, hay violencia, hay pobreza, hay inseguridad física y mental, hay miseria. Y tradicionalmente, históricamente, para compensar todo el impacto negativo de perder por tradición lo que hay es

puesto que la misma falta de preparación competitiva que lleva al tercermundista a perder y perder, generación tras generación, siglo tras siglo, le ha privado – obviado más bien – de la capacidad analítica, critica, para diagnosticar sus defectos y emprender un plan de tratamiento, y le ha privado de la voluntad al poder que se precisa para ser competitivo. En el mundo internacional competitivo ser competitivo y ser religioso es como estar seco y estar mojado – son incompatibles, y en esta serie de volúmenes dejaré bien claro el por qué.  

 

La realidad es que los países del Tercer Mundo fueron cultivados para siempre perder. Enfocando en lo que más nos interesa, el Mundo Hispano, podemos observar en buena manera el grado de esa pérdida revisando estadísticas nacionales e internacionales. Vemos que desde España, la “madre patria”, desde los Pirineos hasta Gibraltar (perdida a los británicos, por cierto), y desde el Río Grande y Tijuana hasta Tierra del Fuego, el marcador indica “perdedores”. Y para aquellos que siempre buscan culpar a sus políticos la realidad es que el estatus de perdedor del hispano no se limita a su propio país, sino que lo lleva, como demostraré más adelante, a donde va. En los EUA, por ejemplo, el país extranjero con mayor población hispana, los hispanos se destacan por su bajo rendimiento académico, por su bajo estatus socioeconómico, y por su altísimo índice de criminalidad.  Los estudiantes latinos son estadísticamente los peores – disputándose el último puesto con los afroamericanos; las familias latinas de nuevo se disputan el lugar con las de los negros por ser los más pobres, siendo el índice de pobreza entre los hispanos en el año 2011 un 28.2% comparado con la media nacional americana de 16.0%

. También en el 2011 más del 45% del crimen organizado era de origen hispano

, a pesar de ser tan solo un 17% de la población

y en las prisiones federales los hispanos en los últimos años se han convertido en mayoría

. En el Canadá en año 2000, en el último censo donde se llegaron a tabular tales estadísticas, el 28% de los hispanos presentes vivían bajo condiciones de pobreza cuando la media nacional era de un 16%

– prácticamente las mismas estadísticas que en los EUA once años más tarde. En el año presente, 2014, las adolescentes latinas en los EUA tienen el índice de embarazos más altos de todas las etnicidades o razas, un 25.5% por cada 1000 entre las edades de 15 y 17 años, comparadas con la media nacional de 14.5%

– de nuevo la religiosidad que instruye contra el uso de anticonceptivos. ¿Seguir culpando a los políticos por nuestros fracasos sociales y económicos o tomar responsabilidad nosotros mismos y reconocer que los políticos – corruptos e ineptos que son – no son sino manifestaciones, extensiones de la cultura misma?

 

En las sociedades

– como las católicas o las cristianas ortodoxas – los hombres adoran, de rodillas ante un altar, a una mítica figura femenina. La medida moral de un hombre es su “humildad”, y su “fortaleza” que se entiende en términos de su capacidad para postrarse arrodillado en reconocimiento de su propia debilidad.  Sociedades de ese tipo jamás van a poder competir con aquellas

donde los hombres admiran en pensamiento e imitan en acción a las grandes hazañas y las penetrantes ideologías de hombres distinguidos

e

; donde la medida de un hombre está en su capacidad para la superación insólita, el

– intelectual o físico – y el

. El concepto de hombría en estas sociedades seculares, como por ejemplo en las anglosajonas o en la japonesa, se opone directamente al concepto resultante de la perversa combinación del

, del

y del

prevalente en la cultura hispana.

 

La pasividad masculina, la falta de interés en sobresalir, en desatacar, en dominar, la ausencia de la voluntad al poder que ha ocasionado la religiosidad católica en el hispano se ha manifestado históricamente en un desinterés en muchos de los aspectos claves de para el desarrollo de capital cultural competitivo: el descubrimiento científico, la innovación tecnológica, el pensamiento filosófico, la heroicidad y entrega

– ideológicamente guiada no impulsivamente brotada – de la acción política y social. La religiosidad hispana ha engendrado una cultura donde no se valora ni el tiempo ni el emprendimiento, sino el conformismo y la adaptación a la mediocridad. El resultado ha sido una creciente inseguridad y un aumento de la inestabilidad política, de la criminalidad, de la desesperación y de la violencia. La religiosidad hispana es responsable por la actitud cultural – consciente o inconsciente y de acuerdo a una cosmovisión medieval – que el propósito final de la vida, lo que la da significado, es ganarse la “Gracia Divina” y un lugar en el Paraíso Extraterrenal. No es de sorprender, por lo tanto, que las aportaciones verdaderamente significativas de la cultura hispana a la humanidad hayan sido muy escasas en comparación con las tremendas aportaciones de los ingleses, de los americanos, de los alemanes, de los franceses, de los judíos, etc. Solamente los países musulmanes han aportado menos.

 

Si no eres objetivo a la hora de entender de qué forma contribuyes a tu propio fracaso nunca vas a comenzar a ganar – y ningún pueblo del planeta es más reacio a reconocer sus propios errores y defectos que el hispano. Pueblos ganadores, como el japonés o el judío, se reconocen históricamente por ser autocríticos, por adaptarse en base tanto a la evaluación de sus defectos como a las exigencias de ambiente, de las reglas del juego. Ambos son pueblos que se reconocen por su dedicación a la excelencia, al estudio, a la disciplina, a la superación y por consiguiente sobresalen y prevalecen. Son culturas ricas en lo que se conoce como “capital cultural competitivo” – y por eso son ganadoras. La cultura hispana es cultura pobre en capital cultural competitivo. Los fundamentos de su cultura les llevan a creer que “los últimos serán los primeros”, que la calidad moral de un hombre se mide por su “humildad” en vez de por su heroicidad. De hecho culturalmente el latino detesta la competitividad diciendo que lleva al “egoísmo”, a la “soberbia”, a creerse superior a los demás. Por consiguiente es una cultura perdedora – y es más, es una cultura que no ha comprendido – o que no ha querido aceptar – que la competición no es opcional. En el mundo actual se compite y se gana o se pierde por defecto, y los valores competitivos – o incompetentes – de un país se transmiten en la cuna, se fomentan en la familia, y se perfeccionan en el colegio y en el trabajo.

 

El lector implícito de esta obra es el hispano mismo – por eso escribo en castellano en vez de en el lenguaje más comercial que es el inglés. Lo escribo para el hispano sabiendo de antemano y perfectamente su reacción, el desdén con el cual responde cuando se le critica, la necedad con la cual recibe la dirección. Lo que voy a decir a continuación va a afrentar a algunas personas, sorprender a otras, e indignar a quizás la mayoría – y sin embargo mayor ofensa a la “dignidad de la verdad” sería callarme, por eso de que “el que calla otorga”. Si es de esas personas que rezan de rodillas a la Virgen, o a Dios, o la Santa Virgen, o que creen en ángeles y temen a los demonios y no se ha dado cuenta de que los pueblos más miserables del planeta son los más religiosos – los más arrodillados – entonces deje de leer ahora mismo. Esta obra no es para Usted puesto que Usted es de esas personas que no quiere oír sus verdades sino quiere vivir de fantasías; no quiere soluciones solamente quiere seguir con sus incesantes quejas; no quiere mejorar simplemente quiere insistir en su “derecho” de ser como es; no quiere reconocer que en la vida hay que competir – y ganar – o hay que aceptar las consecuencias de perder. Si es Usted una de

personas de las que en el mundo hispano lamentablemente constituye la inmensa mayoría, entonces deje de leer porque las verdades que le voy a compartir le va a ofender – y mucho. Esta obra no es para perdedores que quieren seguir viviendo de excusas y fantasías sino de ganadores dispuestos a tomar control de sus existencias y futuros.

 

Sin embargo, si Usted es de esas personas que se dan cuenta de que “los últimos no serán los primeros” sino que simplemente seguirán

entonces “

” es para Usted.

 

Si es Usted de esas personas que se da cuenta de que “

” entonces “

” es para Usted.

 

Si es Usted de esas personas que están hartas de que “latino” o “hispano” sea internacionalmente sinónimo con “oficial corrupto”, o “pandillero”, o “narcotraficante”, o “inmigrante ilegal”, o “de bajo estatus socioeconómico” – y quiere hacer algo al respecto – entonces “

” es la obra que siempre ha esperado pero que nunca había antes existido.

 

No entreno perdedores, formo campeones – y como hispano yo sí estoy harto de perder. Ya es hora de empezar a ganar.

 

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